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Presente y futuro de la energía eólica

Por Luis Meyer

Mientras la generación de energía solar sube exponencialmente, los pros y los contras de la energía eólica siguen siendo tema de encendidos debates. Del lado de los contras, hay dos argumentos principales contra esta fuente renovable: por un lado, todavía es más costoso producir electricidad generada por el viento que la que proviene de fuentes convencionales, como la energía nuclear y la térmica. Por otro, la energía eólica sigue acusando el problema de la intermitencia, puesto que los vientos son impredecibles e incontrolables. Esto puede provocar grandes oscilaciones en el suministro, lo que impide que le eólica sea, de momento, una fuente autosuficiente.

Hay otros aspectos, sin embargo, que hablan a su favor. Según el último estudio de IRENA (Agencia Internacional de las Energías Renovables) los costes de obtención de electricidad de fuentes sostenibles están en un claro descenso, y en breve se equipararán a los de las tradicionales, como el carbón y la nuclear. A eso hay que añadir que, el último año, el promedio global de los costes ponderados de la energía eólica han sido claramente menores que los de la solar: seis centavos por kilovatio/hora, frente a diez.

En lo que respecta al problema de la intermitencia, diversos estudios apuntan a que la energía eólica, a día de hoy, podría tener una penetración del 20% en la red general, sin que ello suponga problemas técnicos reseñables, porque los operadores encuentran cada vez soluciones más eficaces para lidiar con este problema, como la adaptación de sus infraestructuras. Ante este panorama, no es de extrañar que, si bien hoy, solo el 4% de la generación mundial de energía proviene del viento, en 2040 llegue a quintuplicarse este porcentaje, como estima el último informe de BBVA Research Renovables.

Estos estudios tienen en cuenta las soluciones tecnológicas que se están desarrollando en estos momentos para abordar el problema del suministro de energía interrumpido. Una de ellas es establecer grupos interconectados de turbinas eólicas en áreas extensas, con el fin de aprovechar su fuerza combinada y garantizar una cantidad mínima de energía en todas las localizaciones. Por otro lado, se están llevando a cabo investigaciones sobre nuevas formas de almacenar grandes cantidades de electricidad excedente mediante el uso de baterías cada vez más capaces y estables.

La realidad actual es que, a pesar dificultades existentes, la energía eólica se está desarrollando con rapidez en prácticamente todas partes del mundo, según datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), con tasas de crecimiento que van del 10 al 40% por año, según regiones. La Unión Europea está particularmente bien posicionada, y según la hoja de ruta marcada por el Acuerdo de París, la energía eólica debería representar en torno a un 15% del total en 2020.

Para lograrlo, se está apostando decididamente por las plantas eólicas ubicadas en el mar, donde los vientos son más fuertes y estables, y de donde provendrá, a corto plazo, un tercio de la electricidad obtenida gracias a esta fuente renovable. Hoy, son tres países –Reino Unido, Dinamarca y Alemania–, quienes encabezan esta tendencia de ubicar instalaciones eólicas fuera del espacio terrestre (denominadas offshore): según la Asociación Europea de Energía Eólica (EWEA), la capacidad instalada en alta mar llegará a los a 40 gigavatios cada hora en 2020, respecto a los 6.5 GW de 2013. Otro dato que deja claro que el viento será un agente esencial en el futuro de las fuentes renovables y en la lucha contra el cambio climático.

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