Blog

Mujeres contra el cambio climático

Por Alejandra Espino

El cambio climático, más allá de un fenómeno con graves implicaciones geográficas y meteorológicas, es un problema social ya que, entre otras consecuencias, exacerba la pobreza, pone en jaque la seguridad alimentaria de muchas regiones, aumenta el riesgo de morir en desastres naturales, incrementa las injusticias sociales y los conflictos políticos. Teniendo en cuenta que, por tónica general, las mujeres parten de una situación de desigualdad social y económica respecto a los hombres en todos los países del mundo, su vulnerabilidad a los efectos del cambio climático es mucho mayor.

«Es importante recordar que la vulnerabilidad a los impactos del cambio climático se produce como consecuencia de una serie de factores interrelacionados en los que influyen cuestiones políticas, económicas, sociales o institucionales. Por ejemplo, la diferencia de ingresos entre hombres y mujeres varía entre el 30 y el 80%, lo que significa que, en todos los países del mundo, las mujeres cobran menos por el mismo trabajo que los hombres», señala el informe Cambio climático y salud, del Observatorio de Salud y Medio Ambiente DKV Seguros–Ecodes. Además de la diferencia salarial per se, las mujeres son la mayoría de la población de la mitad sur del planeta, área donde se concentra la mayor cantidad de pobreza generada por factores relacionados con el calentamiento global. Por lo que este «acrecienta especialmente el ciclo de pobreza y la vulnerabilidad de las mujeres y las niñas», según un estudio de 2015 elaborado por el Georgetown Institute for Women.

Una vulnerabilidad que tiene en la salud un reflejo cruel. Las mujeres tienen más probabilidades de morir por olas de calor y presentan una mayor vulnerabilidad a la hora de enfrentarse a catástrofes tropicales como los tsunamis. De la misma forma, la contaminación del agua por inundaciones o lluvias torrenciales aumenta el riesgo de preeclampsia, eclampsia o hipertensión durante los embarazos, entre otras consecuencias, según un informe de la Organización Mundial de la Salud. Si no se tiene en cuenta esta variable de género en las diferentes políticas de lucha contra el cambio climático, las mujeres seguirán teniendo mayores dificultades para prevenir los efectos del cambio climático.

También hay que tener en cuenta que, por cada 100 hombres que desempeñan funciones parlamentarias y ministeriales a nivel global, solo hay 22 mujeres, según refleja un estudio publicado por Mckinsey and Company Consulting. Esta brecha es relevante ya que la ausencia de mujeres en los órganos de poder y, por tanto, el desequilibro de género a la hora de tomar decisiones, provoca que muchas de las cuestiones mencionadas pasen desapercibidas y que las leyes no incluyan la perspectiva de género en la lucha contra el calentamiento global. «A mayor presencia de mujeres en puestos de decisión en materia energética, habrá una mayor respuesta a las necesidades de los ciudadanos en la lucha contra el cambio climático», señala un estudio de la universidad Exeter de Reino Unido.

Durante la pasada Cumbre del Clima (COP23) celebrada en la ciudad alemana de Bonn, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC) aprobó el Plan de Acción de Género para reforzar «el papel crucial de las mujeres en la lucha contra el cambio climático», que persigue un objetivo prioritario: que «las mujeres no sean excluidas de la toma de decisiones». Cabe recordar que el Acuerdo de París, ratificado ya por 175 países, obliga a sus miembros a incorporar la perspectiva de género en sus legislaciones climáticas. No en vano, el Informe sobre la Brecha Global de Género de 2016 lanza una advertencia y pone sobre la mesa un hecho alarmante que no debe ignorarse: el cambio climático puede contrarrestar los avances en igualdad de género conseguidos hasta la fecha.

POST RECIENTES