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Los guardianes (voladores) del medio ambiente

Por Guadalupe Bécares

¿Qué harías si pudieras volar como un pájaro? Esta pregunta puede tener infinitas respuestas y, si te gusta la naturaleza, seguramente te imaginas sobrevolando paisajes, campos y bosques.  Aunque de momento no podamos ponernos unas alas al estilo de Ícaro, sí estamos más cerca de cumplir ese deseo gracias a los drones que, además de un elemento tecnológico de ocio, se han convertido en una herramienta con un enorme potencial para la protección del medio ambiente. 

El de los drones es, sin duda, un negocio al alza. Según los datos recogidos por el Ministerio de Fomento en el Plan Estratégico para el Desarrollo de este sector, en España la presencia de estos vehículos aéreos no tripulados se multiplicará por once en los próximos diecisiete años. Así, se calcula que en el año 2035 habrá más de 51.400 aparatos surcando los cielos. En la actualidad, se estima que son unos 4.200, para los cuales se está desarrollando una normativa específica que regule su uso. 

Ya hace varios años, en diferentes partes del mundo, comenzó a emplearse esta tecnología para la agricultura. Si seguimos los cálculos de Fomento, dentro de veinte años, en España habrá alrededor de 20.000 drones destinados a tareas relacionadas con el campo. Supervisar el crecimiento de los cultivos, controlar el riego, esparcir fertilizantes o vigilar la producción desde el aire son algunas de las funciones que realizan este tipo de aparatos, que también ayudan a mejorar la productividad: con un solo dron, se pueden monitorizar grandes superficies de cultivo, evitando plagas y otros problemas más difíciles de detectar con supervisiones a pie de planta. 

Más allá de estos fines, de los usos militares o de investigación, de los ingenieros que los emplean para hacer mapas, o de aquellos que se sirven de esta herramienta para hacer fotografías o películas, está claro que estos pájaros robóticos han llegado para quedarse. Y, en un mundo en guardia para luchar contra el cambio climático, ¿por qué no convertirlos en un aliado en la lucha?

Por ejemplo, la prevención de incendios es una de las tareas encomendadas ya a esta tecnología, capaz de sobrevolar grandes áreas de terreno para detectar el origen de los focos o, incluso, alertar de la presencia de pirómanos. En ese sentido, también son empleados para pillar in fraganti a posibles cazadores furtivos en espacios protegidos, o para controlar los movimientos de ejemplares de especies en peligro de extinción. De esta forma, se minimizarían los riesgos y no se generaría un impacto en los ecosistemas que pudiera afectar a la vida de los animales.

Pero no hace falta irse al campo o a los bosques para que los drones sean un aliado de protección medioambiental. Cada vez está más cerca la posibilidad de que, en un futuro no muy lejano, sean estos dispositivos los encargados de realizar el transporte de pequeños objetos o mercancías. Eso podría suponer un importante ahorro de emisiones procedentes de los vehículos de reparto, lo que mejoraría la calidad del aire, en especial en las ciudades. Y más teniendo en cuenta el imparable aumento de las compras por internet. 
Imaginarse cielos plagados de robots voladores ya no es cosa –o no tanto– de las realidades distópicas de la ciencia ficción. Usarlos para proteger el planeta puede ser, más que algo de película, una cuestión de supervivencia. 

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