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La revolución de las ciudades

Por Alejandra Espino

La población urbana ha pasado de concentrar a 751 millones de personas en 1950 a 4.200 millones en 2018, según el último informe de Naciones Unidas. Hoy, más de la mitad de los habitantes del planeta (el 55%) vive en ciudades y, de acuerdo a las estimaciones el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, en 2050 lo hará casi un 70%. A pesar de que el porcentaje de urbanización actual supera la media en América del Norte (82%), América Latina y el Caribe (81%), Europa (74%) y Oceanía (68%), el mayor crecimiento de las urbes tendrá lugar en África y Asia: tan solo India, China y Nigeria representarán el 35 % del total de la futura expansión.

El crecimiento de las zonas urbanas en detrimento de las áreas rurales no solo supondrá una concentración demográfica en puntos muy específicos del mapa, sino también en términos económicos, ya que las ciudades generan más del 80% del PIB mundial. Es más, este fenómeno también derivará en un problema medioambiental a tener en cuenta, pues en ellas se genera el 70% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y sus habitantes usan cerca de dos tercios de la energía producida en todo el mundo, según recoge el informe Desarrollo urbano elaborado por el Banco Mundial y actualizado el pasado junio de 2018.

Por todo esto, de manera indudable, el futuro está en las ciudades y en la manera en que estas se gestionen económicamente y en términos de sostenibilidad. «Si la urbanización se gestiona bien puede contribuir al crecimiento sostenible, a aumentar la productividad y promover la innovación y las nuevas ideas», defiende el Banco Mundial. Y, si el futuro se juega en las ciudades, la batuta la llevarán las urbes inteligentes o smart cities. Lugares donde será posible monitorizar, automatizar, controlar y optimizar los procesos que permitan el bienestar y el desarrollo sostenible.

Esmartcity.es define a las ciudades inteligentes como «aquellas que aplican las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) para la gestión y prestación de sus diferentes servicios, como gobernanza, economía, asuntos sociales, movilidad, seguridad, energía, cultura, medio ambiente, etc». Aunque pueda sonar a película de ciencia ficción, lo cierto es que este tipo de ciudades son cada vez más frecuentes y sus servicios se usan de manera cotidiana. El código bidi de una parada de autobús para saber cuando pasa el siguiente solo escaneándolo con el móvil, puntos de carga en las calles y de WiFi gratis, mapas interactivos de la ciudad e incluso del interior un museo, son solo algunos ejemplos de los servicios posibles en las ciudades inteligentes.

El Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital de España ha creado el Plan Nacional de Ciudades Inteligentes para «maximizar el impacto de las políticas públicas en TIC para mejorar la productividad y la competitividad y transformar y modernizar la economía y sociedad española mediante un uso eficaz e intensivo de las TIC por la ciudadanía, empresas y Administraciones». Un proyecto que responde a la realidad española, donde el 79% de la población vive en núcleos urbanos, cinco puntos porcentuales por encima de la media europea. Y es que, como sentencia el Banco Mundial, «los Gobiernos nacionales y locales deben tomar medidas en el presente para configurar el desarrollo futuro de las ciudades y crear oportunidades para todos».

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