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Economía circular: el trampolín de las energías limpias

El agua que llena los ríos y océanos se evapora, se acumula en las nubes, regresa a la tierra en forma de lluvia y todo vuelve a empezar. El ciclo del agua que todos aprendimos en el colegio es un buen ejemplo de cómo la naturaleza está llena de círculos sin fin. La economía circular quiere aplicar esos preceptos a todos los aspectos de la vida, desde las finanzas a la gestión de residuos o a la moda. Y en esa filosofía tienen un papel protagonista las energías renovables. 

De la misma forma que la naturaleza establece relaciones de dependencia entre organismos, la economía circular establece un sistema cooperativo destinado a ofrecer más servicios con menos recursos y relativiza conceptos tan arraigados como la propiedad o el precio. Aunque desconozcamos hasta dónde puede llegar, su implantación es clave en los desafíos de este siglo, tanto a nivel económico como medioambiental. El calentamiento global se configura cada vez más como un imprescindible en la agenda informativa e institucional debido al aumento de la preocupación social por la salud del planeta. Según una encuesta realizada por Global Shapers y publicada por el Foro Económico Mundial, el cambio climático es la mayor preocupación de los millennials -la generación de aquellos nacidos entre 1984 y 2004- a nivel global. 

Además de reducir el uso de combustibles fósiles, alargar la vida de los objetos para minimizar el consumo o apostar por el tratamiento de los residuos, las energías renovables juegan un papel fundamental en el impulso de la economía circular. La tecnología en materia energética camina hacia la circularidad, potenciando la innovación para fabricar baterías que permitan almacenar la energía limpia durante más tiempo y evitar su desperdicio, uno de los grandes ‘peros’ que arrastran aún renovables como la eólica o la solar. De hecho, el Banco Mundial ha aprobado recientemente una inversión de mil millones de dólares para fabricar baterías más duraderas que fomenten el uso de renovables en países en vías de desarrollo. Este programa apunta a financiar 17,5 gigavatios por hora (GWh) de almacenamiento en baterías para 2025, es decir, más del triple de la capacidad con la que cuentan actualmente todos estos países.

Pero no se trata solamente de la producción a gran escala. El autoconsumo energético -estrechamente relacionado con los preceptos de la economía circular- es una tendencia al alza en casi todos los países, incluido España. Así, los edificios inteligentes que reduzcan al máximo su consumo de energía y que, además, sean capaces de generarla ellos mismos gracias a paneles solares o a calderas de biomasa, serán cada vez más habituales en las ciudades. ¿El resultado? Utilizando los recursos de la naturaleza, se ayudará a producir una energía que la cuide sin desperdiciar sus recursos.

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