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¿Cómo es un centro de datos ecológico?

Por Alejandra Espino

El mundo es digital y nuestras relaciones personales, en gran medida, también lo son. O, al menos, así lo demuestran las cifras: Facebook cuenta con 2.167 millones de usuarios, YouTube tiene 1.500 millones y, a través de apps como WhatsApp y Facebook Messenger, 1.300 millones de personas intercambian mensajes todos los días, según el Informe Digital In 2018 elaborado por We Are Social y Hootsuite. Esto se traduce en miles de millones de operaciones de almacenamiento, procesamiento y distribución de datos a la hora, e incluso al minuto. 

El intercambio de información es posible gracias a los centros de datos de las diversas compañías, unos lugares que necesitan mucha energía para procesar toda la información y evitar su propio calentamiento. Aunque no presenten el aspecto tradicionalmente asociado a la industria  –no tienen altas chimeneas desprendiendo un humo constante–, los centros de datos contaminan, y mucho. 

Google Green, una plataforma perteneciente a Google, calcula que 100 búsquedas en sus servidores durante una hora necesitan la misma energía que una bombilla de 60 vatios encendida durante 28 minutos, la misma cantidad necesaria para producir una cucharada y media de zumo de naranja –lo que equivale a 20 gramos de CO2–. Un dato que aislado suena a muy poco, pero hay que ponerlo en contexto: según un estudio de la compañía de servicios tecnológicos Go-Web, cada minuto se realizan 3,8 millones de búsquedas en internet, se suben a la nube casi un millón de documentos, 243.000 fotografías a Facebook y 400 horas de vídeo a Youtube, se intercambian 29 millones de mensajes en WhatsApp, se realizan dos millones de llamadas a través de Skype y se escuchan 1,5 millones de canciones en Spotify. Todo esto cada 60 segundos. Los 20 (insignificantes) gramos de CO2 se han convertido en una cantidad inmensa de emisiones que es necesario vigilar y reducir. 

Si queremos evitar un colapso medioambiental, es necesario que los centros de datos, corazón y cerebro del masivo intercambio mundial de información, sean 100% sostenibles. Compañías como Google o Apple, actores protagonistas de la era digital, cada vez contratan más energía proveniente de fuentes sostenibles, como la eólica o la fotovoltaica. «Nos hemos esforzado mucho para minimizar el impacto ambiental de estos servicios, de manera que cuando utilizas nuestros productos, también estás haciendo algo bueno por el medio ambiente», explican en Google desde su página dedicada a los centros de datos. 

Para conseguir sus objetivos medioambientales, los centros de datos de Google utilizan «un 50% menos energía que los centros de datos al uso», elevan «la temperatura a 26 grados» y usan «el aire exterior para enfriar». Uno de los mayores problemas que presentan los centros de datos es la cantidad de energía que necesitan para evitar el recalentamiento de sus servidores. Por eso, en 2011, Google instaló uno de sus centros de datos en la antigua planta de celulosa del pueblo de Hamina (Finlandia), donde las frías temperaturas del mar permiten refrigerar los sistemas a través de un túnel construido previamente por la fábrica. 

En 2013, Mark Zuckerberg siguió los pasos de Google y escogió la localidad sueca de Lulea, a solo 100 kilómetros del Círculo Polar Ártico, para abrir su primer centro de datos fuera de Estados Unidos. «En invierno, el aire que entra está a una temperatura de -30 grados», explica Zuckerberg en una publicación en su perfil de Facebook en la que dio a conocer las instalaciones. Además de aprovechar las condiciones meteorológicas del lugar, el centro de datos cuenta con unos servidores especialmente diseñados para reducirlos a su mínima expresión técnica, de modo que consumen menos energía y se calientan menos.   
 

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