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¿Y si nuestras casas tuvieran un consumo cero?

Por Esther Peñas

Un nuevo modelo de casa se extiende por todo el mundo con vocación de implantarse. La casa autárquica. Autosuficiente. Se caracteriza por el autoconsumo, la eficiencia energética, las tecnologías sostenibles y los materiales ecológicos, y es mucho más habitable que las tradicionales. Comparte peculiaridades con las casas pasivas (aquellas que consumen un mínimo de energía) y con las ecológicas (construidas con materiales sostenibles). 

La casa autosuficiente genera la energía que requiere para su funcionamiento, así que no precisa del suministro de la red general. Las placas solares aseguran su luz, calefacción, refrigeración y el agua caliente. El agua proviene de un sistema que recoge el agua de la lluvia mediante una depuración natural. A partir de diciembre, todas las edificaciones nuevas y las rehabilitaciones de las existentes habrán de garantizar un consumo energético casi nulo, tal y como exige la normativa 2010/31/EU.

En España, este tipo de construcciones son aún escasas. La primera de ellas se terminó hace apenas cuatro años, y está situada a unos cuarenta kilómetros de Madrid. Incluso tiene nombre, Casa Martina. Una vivienda en la que no es necesario abrir las ventanas para renovar el aire porque cuenta con un sistema capaz de hacerlo: circula por un pozo canadiense (un entramado de  tubos enterrados por los que pasa el aire del exterior entrando a la misma temperatura que hay en el interior). Las baterías y los acumuladores que tiene instalados almacenan la energía, con procedimientos que rescatan el calor innecesario que generan los electrodomésticos (la parte trasera del frigorífico, por ejemplo), lo que, además, alarga su vida útil. Las placas fotovoltaicas, su generador eólico, sus colectores solares y la bomba de calor geométrica de las que dispone permiten, entre otras cosas, que la temperatura se mantenga estable todo el año. Se abastece de las aguas pluviales y de las grises (las que proceden de la ducha y los lavabos), con depósitos de hasta 60.000 y 8.000 litros, respectivamente. 

Por si fuera poco, las casas autosuficientes generan menos polvo y ruido. Sí, son más caras que las clásicas, entre un cinco y un diez por ciento más, pero en apenas diez años esa inversión se amortiza.

Aunque aún hay muy pocas viviendas autosuficientes, se impondrán. No es una hipótesis, sino una certeza. Hasta entonces, podemos ingeniárnoslas para que los antiguos diseños de nuestras casas sean más sostenibles incorporando algunas modificaciones como detectores de presencia aplicados a la luz o a la climatización (adaptándola al número de personas que haya en un determinado espacio), programadores en los electrodomésticos para racionalizar el consumo del agua y la energía, sensores de humedad que permitan a los sistemas de riego funcionar sólo cuando sea necesario, decantarse por la iluminación de bajo consumo (leds, pero también lámparas fluorescentes compactas) o grifería de alta eficiencia que ahorre el consumo del agua. No es lo mismo, pero se acerca al concepto: reducir el dispendio energético, el del agua, los costes y el impacto ambiental. Casi todo. 
 

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